LA CRUELDAD EXPLICADA POR ERICH FROMM

A lo largo de sus diferentes obras Erich Fromm constantemente reflexiona acerca de la crueldad de los seres humanos. Busca dar respuesta al problema del por qué algunos seres humanos independientemente de su infancia o del tipo de vida que hayan tenido son crueles y otros no.

Erich Fromm estudia mucho a la sociedad, revisa los trabajos que muchos otros autores han hecho acerca de la agresividad, de la violencia y de la ética.

Fromm asegura que hay numerosas oportunidades para la crueldad y el sadismo en la vida diaria en las que las personas podrían permitírselos sin miedo a represalias; pero mucha gente no lo hace; en realidad, muchas reaccionan con cierto sentimiento de repugnancia cuando presencian actos de crueldad y de sadismo (17). Fromm dice que la necesidad que el organismo tiene de estimulación y excitación es uno de los muchos factores que engendran destructividad y crueldad (7). Lo que parece ser un aumento de la crueldad es, en gran medida, la disminución de la compasión (18). En esto Fromm y Freud coinciden: la falta de compasión tiene relación con la crueldad y se verá más adelante que ciertos estudios estudian el vínculo entre la falta de empatía y la crueldad hacia los animales.

Washburn, citado por Fromm dice que el grado en que han entrado a formar parte de la psicología humana las bases biológicas del acto de matar, puede medirse por la facilidad con que se logra interesar a los chiquillos en la caza, la pesca, la lucha y los juegos bélicos. No es que ese comportamiento sea inevitable sino fácil de aprender, satisfactorio y en la mayoría de las civilizaciones ha sido recompensado socialmente. El talento para matar y el placer que procura su ejercicio se desarrollan normalmente en el juego, y las normas del juego preparan a los niños para su papel de adultos. (7)

Hasta cierto punto tiene razón, debido a la enorme cantidad de juguetes del tipo soldado, armas de fuego, armas punzocortantes, entre otras a las que tienen acceso los niños desde temprana edad y que son regalados por sus padres, así como también el enorme número de videojuegos con temas bélicos cuya meta es que gana el que mate más. Washburn tiene razón al decir que este comportamiento cruel es fácil de aprender, satisfactorio y recompensado socialmente. Si a eso se le suma, que esos niños crecen en hogares disfuncionales, abandonados, maltratados, entre clases sociales que se sienten impotentes y que muestran poco valor y placer por la vida, además de una enorme frustración, entonces se tiene a un individuo que fácilmente será cruel con animales y más tarde con humanos.

Erich Fromm señala que el deseo de destruir por el gusto de destruir es diferente. Sólo el hombre parece sentir gusto en aniquilar a un ser vivo sin más razón ni objeto que destruirlo. Sólo el hombre parece ser destructivo más allá del fin de defenderse o de obtener lo que necesita. (7) Fromm afirma que el miedo, como el dolor, es un sentimiento muy inquietante, y el hombre es capaz de casi cualquier cosa para librarse de él. Hay muchos modos de librarse del temor y la ansiedad, como por ejemplo el empleo de las drogas, la excitación sexual, el sueño y la compañía de los demás. Fromm asegura que uno de los medios más eficaces de librarse de la ansiedad es ponerse agresivo. Cuando una persona logra salir del estado de temor pasivo y empieza a atacar, el carácter doloroso del miedo desaparece (7). Esto explica lo que sucede a los niños que viven en hogares en donde sus cuidadores los maltratan y que para librarse de esa ansiedad causada por la violencia en la que viven, se ponen agresivos y crueles con los animales.

Fromm también señala que el psicoanálisis ha demostrado que la convicción subjetiva no es un criterio suficiente de sinceridad; por ejemplo una persona puede creer que actúa dejándose llevar por un sentimiento de justicia, y sin embargo estar motivada por la crueldad (19). Esto se aplica a las personas que dicen hacer algo en nombre de la justicia, como aplicar castigos severos físicos en nombre de la justicia y este hecho en realidad puede ser motivado por la crueldad. Aplicado hacia los animales, se pueden ver casos en los que alguien golpea o mata a un animal para hacer justicia porque el animal primero agredió a un humano. Acerca de esta “justicia”, también se puede destacar otra reflexión de Erich Fromm acerca de nuestro enemigos en la guerra en la que señala que los grupos con quienes uno está en guerra se los considera, muchas veces de un día para otro, demonios crueles e irracionales a quienes hay que vencer para salvar del mal al mundo. Pero pocos años después vuelve la matanza mutua, los enemigos de ayer son nuestros amigos de hoy y los amigos de ayer nuestros enemigos de hoy (20). Esto explica las incongruencias del hombre cuando declara la guerra, cuando un gobierno permite que dice ser defensor de los derechos humanos y se dice protector de la naturaleza permite la cacería y la matanza de ciertas especies de animales.

En el libro Ética y Psicoanálisis, Erich Fromm expone el tema del sadismo y dice que éste es el impulso por absorber a otros y que se da en toda clase de racionalizaciones tales como amor, sobreprotección, dominio ''justificado", venganza "justificada'', etc. Todas las formas del impulso sádico se remontan al impulso de tener un completo dominio sobre otra persona, de "tragarla" y de transformarla en un objeto desamparado sujeto a nuestra voluntad (21). Esto aplica a las personas que comienzan siendo crueles con los animales, quieren tener un dominio injustificado, de convertirlo en objeto desamparado sujeto totalmente a su voluntad y en esta explicación entran toda clase de abusos hacia los animales desde el desamparo, el descuido en la alimentación, el tener a un animal en un espacio reducido, atado, hasta los golpes, las quemaduras, las mutilaciones o el bestialismo (del cual se hablará más adelante).

Esta crueldad después se puede dar hacia los humanos. Fromm dice que el dominio completo sobre una persona impotente constituye la esencia de la relación simbiótica activa; la persona dominada es percibida y tratada como una cosa para ser utilizada y explotada, no como un ser humano que es un fin en sí mismo. Cuanto más mezclado esté este impulso con la destructividad, tanto mayor será su crueldad (21).

Fromm expone los diferentes tipos de destructividad, pero uno que llama la atención y que aplica para este estudio es la destructividad sádica cruel cuyo fin es la vivencia de la omnipotencia sobre los hombres y las cosas, que se manifiesta en el control absoluto sobre ambos, hasta el punto de la destrucción, el tormento y la tortura.

Esta vivencia de omnipotencia tiene que ver con el sentimiento de impotencia que la mayoría de los hombres han tenido a lo largo de la historia, y que lo hace querer crear lo vivo, o al menos destruir lo vivo, pues la destrucción de lo que tiene vida es casi tan maravillosa como la creación de la vida, salvo que ésta requiere esfuerzo, disciplina, abnegación, empleo de todas las capacidades humanas, y en cambio la destrucción no precisa en la actualidad más que un arma (22). Se ha encontrado en diversos estudios que muchas de las personas que maltratan animales, sufrieron violencia durante su niñez, y por lo tanto experimentaron este sentimiento de impotencia del que habla Fromm, lo cual hace que quieran sentirse omnipotentes y una forma es siendo crueles primero con los animales, y posteriormente con los humanos, destruyendo la vida. Erich Fromm también afirma que es difícil que una persona que ha presenciado y participado en la crueldad sea capaz de apreciar la libertad, el respeto por la vida o el amor. Señala que los actos de brutalidad tienen un efecto brutalizador sobre los participantes y llevan a más brutalidad (22). Esto quizás explique el problema de que la crueldad genera más crueldad, una persona que es cruel hacia los animales difícilmente va a poder parar, seguirá siendo cruel con sus semejantes también.

Para terminar la revisión de las reflexiones de Fromm acerca de la crueldad, quiero terminar con una frase que él escribió en el libro El corazón del hombre que dice: “El hombre ordinario con poder extraordinario es el principal peligro para la humanidad, y no el malvado o el sádico” (17).

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